Vivir del tenis por qué es uno de los deportes más duros

Vivir del tenis es mucho más duro de lo que parece. Analizamos por qué tantos jugadores luchan solo para cubrir gastos en un deporte carísimo e individual

Vivir del tenis por qué es uno de los deportes más duros para ganarse la vida

Vivir del tenis es mucho más difícil de lo que parece cuando miramos solo a las superestrellas que levantan trofeos y cheques gigantes en los Grand Slams. Detrás de ellos hay cientos de jugadores que luchan cada semana para simplemente cubrir gastos de viaje, entrenadores y equipo, en un deporte individual donde el riesgo económico recae casi por completo en el jugador.

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Foto: Clive Mason (Getty Images)

El espejismo de los grandes cheques

Los titulares se los llevan cifras récord como los 3,6 millones de dólares que cobran los campeones individuales del US Open 2024, dentro de una bolsa total de 75 millones, la mayor en la historia del torneo. Sin embargo, esa foto es solo la punta del iceberg, porque la mayoría de esa bolsa se concentra en las rondas finales, mientras que la base del circuito vive con márgenes muy estrechos o en números rojos.

En promedio, según datos recopilados por medios especializados, el jugador medio de la ATP o WTA puede moverse en torno a los 200.000–250.000 dólares de premios al año, pero la mediana baja claramente porque pocos tenistas se quedan con la mayor parte del pastel. A esa cifra hay que restarle vuelos constantes, hoteles, equipo, preparación física, fisioterapeutas y entrenadores, que pueden consumir fácilmente más de la mitad de lo ganado en premios, sobre todo si no se llega de forma habitual a cuartos o semifinales de torneos grandes.

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Un deporte caro, individual y sin sueldo fijo

El tenis es un deporte individual, sin contratos garantizados como en una franquicia NBA o un club de fútbol, de modo que cada jugador arranca la temporada con ingresos cero asegurados. Solo empieza a facturar cuando gana partidos y supera rondas, y si se lesiona o encadena malos resultados, la cuenta se resiente de inmediato aunque los gastos fijos se mantengan iguales durante meses.

Además, la estructura del circuito obliga a viajar prácticamente todo el año, con cambios de continente y superficie, lo que multiplica el coste logístico. No es lo mismo jugar para un equipo, con una infraestructura que asume parte de los costes, que ir por libre, contratar tu propio staff y pagar cada billete, cada hotel y cada semana de entrenamiento en academias o clubes, algo que hace del tenis uno de los deportes más caros a nivel operativo para un profesional medio.

La distribución del dinero y el cuello de botella

La propia ITF, en sus análisis de ruta profesional, ha señalado que solo un grupo relativamente reducido de jugadores consigue realmente “cuadrar” la temporada con los premios que recibe. En estudios previos se hablaba de que había que estar alrededor del top 250–300 para empezar a acercarse al punto de equilibrio entre ingresos y gastos, y eso sin incluir siempre el coste completo de entrenadores a tiempo completo.

A este cuello de botella se suma que, según estudios recientes, los jugadores de tenis reciben una de las menores proporciones del total de ingresos que genera su deporte si se compara con ligas como la NBA o la NFL, donde los convenios colectivos garantizan casi el 50 % de los ingresos para los atletas. En tenis, la cifra ronda algo menos de una quinta parte, lo que deja a torneos, federaciones y otros actores con una parte muy grande del pastel, mientras la mayoría de jugadores se reparten el resto a través de premios que caen en picado fuera de los grandes escenarios.

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Lo que viene: ayudas, debate y próximos capítulos

En los últimos años se han lanzado iniciativas para aliviar la presión, como programas de reparto de beneficios adicionales en el ATP Tour o incrementos fuertes del prize money en primeras rondas de Grand Slams y fases previas, sobre todo en citas como el US Open. Son pasos importantes, pero todavía insuficientes para cambiar por completo la economía diaria de un jugador que se mueve entre challengers y primeras rondas de torneos ATP o WTA.

Este es solo el primer capítulo de una serie de cuatro entradas en las que en ACEHUB analizaremos por qué los jugadores de tenis no ganan lo mismo que las estrellas de otros deportes y cómo se reparte realmente el dinero. En las próximas entregas compararemos el porcentaje de ingresos que va a los jugadores frente a ligas como NBA o NFL, entraremos en la vida económica del ranking 100 al 300 y cerraremos con un debate sobre qué reformas piden los propios tenistas para que vivir del tenis deje de ser una misión casi imposible para tantos profesionales.

Lee también más noticias ATP en ACEHUB para entender cómo se reparten los premios en los grandes torneos y consulta nuestros análisis de Grand Slams, donde desglosamos la evolución del prize money en los últimos años y su impacto en la élite y en los jugadores que vienen desde abajo.

¿Qué parte de esta realidad económica del tenis te sorprende más: los gastos ocultos, la baja cuota de ingresos para los jugadores o la enorme diferencia entre la élite y el resto?

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